viernes, 4 de junio de 2010

SECRETO PROFESIONAL EN ENFERMERÍA


Cecilia Elizabeth Velásquez Cabrera (*)

T
anto en nuestras vidas como en nuestra carrera, sin darnos cuenta, el secreto profesional es todo aquello que se considera ético ya que es una verdad conocida por una persona o muy pocas, donde el personal de ciertas profesiones estará en la obligación legal, confidencial y moral de mantener en secreto la información que han recibido de sus usuarios, clientes.
Por lo tanto el Objetivo de este trabajo es analizar el secreto profesional y su relación con la enfermería.
Desarrollaremos nuestros puntos de vista acerca del tema “SECRETO PROFESIONAL EN ENFERMERIA”, en primer lugar daremos a conocer que es secreto (clases de secreto), luego que es secreto profesional, con los principios y virtudes; por ultimo como la enfermera va aplicar el secreto profesional en su carrera y trabajo laboral en las 4 áreas de enfermería.
Este trabajo es muy importante porque daremos a conocer como el individuo mediante su actuación humana, se compromete con mayor énfasis ha guardar un secreto ya sea este porque ha tenido un nivel de formación superior o porque tiene principios éticos y morales.
También el secreto profesional la relacionaremos con las diferentes carreras como son: Medicina, Enfermería, Psicología, Obstetricia, Derecho, Secretaria, Sacerdocio, etc. Ellos tienes la responsabilidad en guardar alguna confidencia hecha por sus clientes, usuarios, siempre teniendo presente con los buenos valores y el cumplimiento del código de Ética-Juramento.


Un SECRETO es la práctica de compartir información entre un grupo de personas, en la que se esconde información a personas que no están en el grupo, o también información clasificada, es información sensible que debe ser restringida por ley o regulación a diferentes tipos de personas. Para poder acceder a los documentos clasificados como secretos donde se necesita un permiso de seguridad.
Los tipos de secreto son tres: NATURAL, PROMETIDO, CONFIADO. El secreto natural es independiente de todo contrato, se extiende a todo lo que, ya se ha descubierto por casualidad, por investigación personal o por confidencia, y no puede divulgarse. Aunque el depositario del secreto no haya prometido guardar sigilo, ni antes ni después de habérsele manifestado el hecho o de haberlo descubierto, está obligado a callar, en virtud del precepto moral que prohíbe perjudicar o disgustar a los demás sin motivo razonable.
El secreto prometido nace de un contrato, de la promesa de guardar silencio después de haber conocido el hecho, ya sea por casualidad, por investigación personal o por confidencia espontánea o provocada. Un mismo secreto puede ser a la vez natural y prometido. Será natural cuando la cosa de suyo requiera sigilo, pero si además va acompañado de una promesa, también será prometido.
El secreto confiado se deriva de un acuerdo previo explicito o implícito de conservar rigurosamente oculta alguna información. Se le comunica que previamente ha prometido, expresa tácitamente por la razón de su oficio o al menos de las circunstancias, guardar silencio, y le es participado lo que se mantenía oculto, añadiendo que se le revela confiado en su promesa bajo el sello del secreto. Dentro de este encontramos al secreto profesional.
El secreto pasa entonces a ser estrictamente confidencial o profesional; confidencial, cuando la confidencia se ha hecho a un hombre que está obligado por razón de su oficio a prestar ayuda o a dar consejo. Profesional cuando se ha confiado, ya de palabra, ya en sus acciones, a un hombre a quien su profesión obliga a asistir a los demás con sus consejos o cuidados, por ejemplo: abogado, contador, médico, sacerdote, consejeros de oficio.
El secreto profesional es parte fundamental en el desarrollo de toda persona titulada que ejerza su profesión en el ámbito laboral, dado a que este permitirá proyectar una imagen positiva hacia el dueño, gerente, director general, etc., de confiabilidad y permitirá la adquisición de oportunidades de crecimiento profesional.
El secreto profesional se basa en la obligación legal que tienen ciertas profesiones de mantener en secreto la información que han recibido de sus clientes. Al contrario de lo que ocurre con otros tipos de deberes de confidencialidad, el secreto profesional se mantiene incluso en un juicio.
Entre estos profesionales, se encuentran las enfermeras. Por ejemplo, como el de los médicos y las enfermeras, el secreto profesional se basa en el respeto a la intimidad del cliente.
Según el Artículo 18.- El secreto profesional es inviolable, y el o la profesional de la enfermería está obligado a guardarlo. Igual obligación y en las mismas condiciones se impone a los estudiantes de enfermería.

La carrera de un enfermero, como la de cualquier otro trabajador de cualquier profesión que se tercie, empieza el primer día que el individuo acude a la escuela de enfermería, y termina el día que se jubila
En el caso del médico y por extensión el personal relacionado al servicio (secretaria, enfermera, laboratorio, etc.) entran al conocimiento de algunas intimidades, como sería un diagnóstico o el contexto de este, al buscar ayuda profesional para lograr la recuperación de una molestia o dolencia o incomodidad. De lo contrario estas personas no hubieran venido a contar su historia o a mostrar su cuerpo.
Bajo estas condiciones hay un compromiso de orden contractual y otro moral. La enfermera necesita empaparse del tipo de tratamiento empapado por el médico para garantizar la ayuda, pero tangencialmente se comparten partes de esta con quienes además tienen acceso a los expedientes, a los propios pacientes con quien llega a hacer una empatía a veces más estrecha que con el mismo médico.
Por otra parte, es fundamental tener siempre presente el derecho moral del paciente al respeto de su integridad, que incluye la no divulgación de información confidencial que le concierne, así como el respeto a su autonomía, que en este caso se ejerce cuando es la propia persona la que decide qué y cuánto de lo que ha confiado a los profesionales sanitarios puede ser divulgado.
Según el articulo 19.- CONFIDENCIALIDAD; se dice que el contenido del expediente es confidencial y queda obligado a respetar esa condición de todo aquel que por cualquier circunstancia tenga acceso a este. La violación a esta disposición se considerara falta grave para todos los efectos legales, disciplinarios y administrativos, sin perjuicio de los demás responsabilidades que de ellos se deriven.
Todos tenemos compromiso de fidelidad y el deber de respetar la privacidad de las personas.
La confianza es un valor principal en esta dinámica y justamente en la relación de búsqueda de la salud se puede generar no solo con el médico o enfermera sino en los distintos espacios por donde rota la persona, puede ser en las imágenes, laboratorios, secretarias.
Aunque no podemos olvidar que la confidencialidad no es absoluta, pues existen excepciones dictaminadas por la Ley y la protección a terceras personas, debe ser preocupación constante el cuidadoso registro, almacenaje y custodia de la información.
La primera obligación de una enfermera es con su paciente y la responsabilidad clave hacia el paciente es respetar su dignidad, donde analiza las tres etapas del proceso de atención de enfermería con los aspectos éticos relacionados, podemos apreciar que la confidencialidad de la enfermera está estrechamente vinculada con los dos principios éticos que Florence Nightingale, la fundadora de la enfermería profesional, añadiera a los tradicionales principios de la ética hipocrática: no hacer daño y hacer el bien . La Dama de la Lámpara añadió los principios de fidelidad al paciente y veracidad.
• Valoración: Recopilación de datos para arribar al diagnóstico de enfermería. Los principios fundamentales a tomar en cuenta serían los de veracidad y fidelidad. En este sentido, cuando identifica las necesidades debe incluir las afectivas y espirituales, respetando la autonomía del paciente para expresar sus propias consideraciones al respecto. A la hora de establecer las prioridades, de acuerdo con el propio paciente, deberá aplicar los principios de justicia y beneficencia.
• Intervención: Expectativas que se trazan para darle solución a las necesidades del paciente, aplicando los principios de justicia, veracidad, beneficencia y autonomía. Por su parte, a la hora de elaborar la estrategia del Plan de Cuidados, la enfermera tendrá que poner en práctica los principios de no dañar, beneficencia, veracidad y autonomía.
• Evaluación: Concierne a la etapa de análisis de los objetivos cumplidos. En esta etapa del Proceso de Atención de Enfermería (PAE) el profesional deberá aplicar los principios éticos de veracidad y autonomía, en ambos casos desde la perspectiva del propio profesional. En esta última etapa del PAE, la enfermera podrá aplicar modificaciones al Plan de Cuidados; pero siempre respetando la autonomía del paciente, sin descuidar, por supuesto, los principios de beneficencia, justicia y veracidad.
Como puede apreciarse, la enfermera cumple moralmente con su paciente cuando en su desempeño no sólo explicita su alta competencia científico-técnica, sino también ética.
Según el Artículo 20.- El o la profesional de la enfermería debe guardar los secretos que se le confíen o de los que tenga conocimiento en el ejercicio profesional, aún después de la muerte del enfermo, a menos que éste antes de morir haya autorizado por escrito al mismo para que los revelara.
En el caso del trabajo en equipo hay que garantizar que se mantenga el derecho de la intimidad y eso sólo podría lograrse tratando siempre de que sean pocos los profesionales relacionados con los secretos del paciente; entonces sería un secreto compartido entre confidentes.
El reconocimiento de los principios de autonomía y respeto a la integridad e intimidad de las personas son necesarias, pero no totalmente suficiente para preservar la integridad de la persona enferma. Es importante que los profesionales de salud, y especialmente las enfermeras(os), que son las que están más cerca de los enfermos y más tiempo junto a ellos y sus familiares, tengan la suficiente entereza moral para respetar los matices y sutilezas del derecho moral de los pacientes a su autonomía.
Por tanto, el profesional de la salud –y en particular la enfermera(o), por las razones antes expuestas- debe ser una persona que tenga la virtud de la integridad, una persona que no sólo acepte el respeto de la autonomía de otras como principio o concepto, sino también una persona en la que se pueda confiar para que interprete su aplicación con la máxima sensibilidad moral.
Estas afirmaciones ratifican la intimidad del paciente y el derecho a ser respetado en función del principio del bien común donde su dignidad juega un papel primordial. El ser humano se desenvuelve en tres espacios principales: el público, el privado y el íntimo.
El espacio de lo privado restringe el conocimiento a quienes la persona les otorga el permiso para hacerlo y entra como mediación la confianza, la amistad, la lealtad, es decir valores que operan como garantes. Con la confianza como medio nace la confidencia, los secretos, las revelaciones de informaciones hasta el punto que el autor permite, que generalmente es mucho pero limitado, y el personal de salud esta en este espacio.
Pero cualquiera de estos espacios que sean violados confrontará la dignidad humana de las personas vulneradas. Como todo en la vida la confidencialidad y el secreto tienen excepciones relativas, como son las enfermedades de notificación obligatoria las cuales están obligadas por vía coactiva a ser reportadas.
No vale el que una persona VIH + apele al secreto médico para que su estado no sea revelado. El imperio de la ley nos obliga a notificar el caso, en algunas legislaciones a que informe de su condición a sus parejas sexuales o de lo contrario lo hará el sistema de salud a través de sus mecanismos. Hemos dicho excepciones relativas porque aún en estos casos la Bioética debe prevalecer garantizando el anonimato en lo posible y preservando los derechos y la dignidad del afectado.
Todo el compromiso de la enfermera, unipersonal, centralizada, se desborda y extiende a todo este personal con las mismas exigencias morales. El deber moral es una responsabilidad de todos, lo que puede variar no es el deber sino el grado de responsabilidad de acuerdo a los niveles que cada uno ocupe dentro de la estructura de trabajo.
Como pauta de conducta nos puede servir de guía el art. 21 del Código Deontológico de la Enfermería Española, en el que se establece que «cuando la enfermera/o se vea obligada a romper el secreto profesional por motivos legales, no debe olvidar que moralmente su primera preocupación, ha de ser la seguridad del paciente y procurará reducir al mínimo indispensables la cantidad de información revelada y el número de personas que participen en el secreto.
Dadas las condiciones actuales de la era de la informatización guardar el secreto es difícil pero no imposible. Debemos hacer un esfuerzo adicional para lograrlo.

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